
Con motivo de la celebración del segundo bicentenario de la independencia de los Estados Unidos de America a Isaac Asimov, que es clavado a mi colega el Increíble Chulk pero con patillas, le encargaron escribir un cuento a partir del título "El hombre bicentenario". Y Asimov escribió el cuento del robot que quería ser humano. Cuento del que luego un tal Chris Columbus, que lo mismo es pariente del tío que descubrio el continente donde se aloja el país ese que cumplía 200 años, hizo una película que a mí personalmente, y por culpa de Robin Williams, me pareció que duraba 250 años, 50 años menos que la de I.A., que se me hizo soporificamente eterna. Llegué a odiar al niño ese que, antes de ser un robot coñazo, veía muertos (aunque sólo fuese en ocasiones).
Hoy Diario de un náufrago en una palangana cumple 200 entradas o, lo que es lo mismo, 2 años, 6 meses, y 22 días; y espero que a mis lectores no les haya parecido que han pasado 2.622 años. A mí, que hoy por hoy me siento viejo y usado (que no utilizado), sí me lo parece.
Es el momento de tomarse unas vacaciones. Nos veremos de nuevo, Kubrick mediante, una vez pasados los días de canícula. Mientras tanto, podéis disfrutar de estos abrasadores días de perros observando esta foto de una fábrica de náufragos en construcción.


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